Tu no has muerto

Madre, madre: yo sé que tú no has muerto y que en aquella tarde me engañaron cuando la negra caja se llevaron y nuestro humilde hogar quedó desierto. […] Yo sé que vienes, cariñosa y buena, a consolarme cuando estoy enfermo, cuando estoy triste a compartir mi pena y acariciar mi frente cuando duermo. […] Viva estás para mí. Ni una ceniza cubre el sagrado fuego en que me inflamo. Viva estás para mí, porque te amo, ¡y el amor a los muertos eterniza! Y pues mi amor le impide retenerte, en el sepulcro aquél no estás cautiva. Tú nunca has de…