Nos acostumbramos…

Hola mundo!

Hoy, revisando que había de bueno en Facebook (nótese que últimamente no hay gran cosa), encontré esta reflexión sobre la rutina diaria, que me ha dejado pensando en distintos aspectos de mi vida diaria.

Yo me he acostumbrado a despertarme al segundo ring del despertador, ha usar un transporte público de pésimo servicio al que en otros tiempos ni de chiste tomaría, incluso me acostumbré a comer en 30 minutos y ahora que tengo más tiempo para disfrutarlo no lo disfruto.

Pero también es cierto que podemos acostumbrarnos y disfrutar las cosas buenas de la vida, es bien cierto que si nos descubrimos en la rutina podemos cambiarla y también es cierto que podemos disfrutar del día a día por muy rutinario que sea. Falta querer hacerlo para lograrlo.

Como dice la reflexión, hace tiempo yo esperaba con ansias los fines de semana y me entristecía al finalizar el día domingo, hasta que una persona especial me dijo uno de esos domingos, que el verme así, triste, al finalizar el día, le afectaba también a él. Ese día me propuse disfrutar al máximo cada fin de semana y a la fecha, aunque sigue sin gustarme que se acabe, cuando llega el momento me siento feliz de haberlo vivido.

Tiempo después, enfadada por las levantadas a media madrugada comencé a ver todo distinto, despegarse de las sábanas es realmente difícil, pero es realmente maravilloso el recibir los primeros rayos del sol del día, el respirar el aire fresco y suave y el escuchar el cántico de las aves… ¡incluso un gatito maullando! del que no me había percatado antes.

En cuanto al trabajo, prefiero empezar la mañana diciéndome que será un gran día y que haré algo que me apasiona. Por que me mentiría si dijera lo contrario. Tengo la fortuna de trabajar en el área profesional que elegí y era un grave error comenzar el día laboral diciendo “otra vez lo mismo.. es tedioso.. no me gusta”. Quizá, lo que no te gusta es el hecho de estar en una oficina o en determinado lugar, sin las comodidades de tu casa. Pero vamos, si tienes la misma fortuna que yo de trabajar en lo que te gusta ¡no lo eches a perder fijándote en nimiedades! Es mejor fijarse en lo que realmente importa.

Y, aquí está la reflexión que les mencionaba en un inicio:

Nos acostumbramos… A vivir en nuestra casa y a no tener otra vista, que no sean las ventanas de alrededor. Y como estamos acostumbrados a no tener vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y como no miramos para afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos completamente las cortinas, luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

Nos acostumbramos… A despertar sobresaltados, porque se nos hizo tarde. A tomar café corriendo, porque estamos atrasados. A comer un algo, porque no da tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo, porque ya es la tarde. A cenar rápido y dormir con el estómago pesado, sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos… A trabajar el día entero, a oír en el teléfono frases cotidianas, A sonreír para las personas, sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados, cuando precisábamos tanto ser vistos. A no ver a quienes quisieran, que los hubieramos vistos.

Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y el fin de semana nos lo pasamos pensando, que tenemos que trabajar el lunes; hacemos pesada nuestra vida, y a veces la de los demás y sin darnos cuentas nos vamos haciendo viejos, esperando una felicidad que no llega, ni llegará. Vivimos en la rutina, nos acostumbramos a ella y tememos a lo nuevo, a lo desconocido y terminamos arrepentidos, cuando no tenemos tiempo de volver atras.

Y el fin de semana, si no hay mucho que hacer, vamos a dormir temprano y nos acostumbramos a quedar satisfechos, porque siempre tenemos sueño atrasado. Nos acostumbramos a ahorrar vida que, de poco a poquito, igual se gasta y que una vez gastada, ya no queda nada por hacer, sólo nos perdimos de vivir. “La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja” y nosotros acostumbrados a la rutina de vivir en la rutina, nos vamos muriendo lentamente, sin saber que a cada minuto se nos va la vida.

Y tú ¿qué opinas de la rutina diaria? ¿Has caído en ella? Déjamelo saber en los comentarios…

Hakel

 

 

Entre Versos y Otras Cosas

Hola a todos!

Hace poco más de 4 años que adquirí el este dominio. En todo ese tiempo, ha sido mi conejillo de indias, ha albergado los poemas que más me gustan, en algún tiempo también las biografías de los autores a los que admiro y un par de subdominios, uno dedicado al anime de Candy Candy, una de mis dos caricaturas preferidas de la infancia, y el primer blog que hice llamado webschema en el que de vez en cuando comparto algún truco de programación y una que hora tira geek.

La idea inicial para el dominio, era el recuperar un libro de literatura y poesía de la década de 1930, libro que aún conservo pero que ahora tengo lejos. Lamentablemente, el tiempo y las condiciones para transcribirlo no se han dado.

Actualmente, tengo varios blogs de diferentes temáticas de los qué ya les contaré más tarde. Pero este, mi primer dominio, mi primer blog, quiero conservarlo como mi baúl de ideas y pensamientos, entre versos y otras cosas…

Gracias por leerme!

Hakel

Y te perdí mujer. En el camino…

Y te perdí mujer. En el camino
me prendiste una lámpara fragante,
entonces se aromaron y se hicieron divinos
todos estos cansancios humildes y constantes
No sé si apenas eras una leyenda o eras
un río que afluía para todo dolor
pero si fue leyenda para mi
enfloreciste aromas dentro de mi canción.

Hiciste un semillero de ilusiones
que vivió ingenuamente en mi tristeza.
Lentamente. Fue el jugo de rencores
echados sobre el jugo de rencores
sobre el manto de la ilusión ingenua.

En mi torre de odios tuviste una ventana
(Un vidrio ilusionado, transparente y gentil.)

Ya se quebró. Es inútil que te llame mi amada
porque, mujer, en una negrura te perdí.

Yo no puedo tenerte ni dejarte…

Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte,
y muchos sí sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarte ni enmendarte,
yo templaré mi corazón de suerte
que la mitad se incline a aborrecerte,
aunque la otra mitad se incline a amarte;

si ello es fuerza querernos, haya modo,
que es morir el estar siempre riñendo:
no se hable más en celo ni en sospecha.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros…

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.